sábado, 17 de febrero de 2018

Me acordé de Periko





Con los años, no siempre, pero uno puede darse cuenta de uno y del otro. También se aprende a oler humanidad y talento. Y entre nosotros los ertzainas y sus representantes producen sonrojo y vergüenza, huelen desde años a sangre y tortura no sólo por sus actuaciones, también por sus comentarios.


 Es difícil que no hayas estado metido con generosidad solidaria en una protesta de envergadura, reivindicativa, justa, honesta, en una pelea de izquierda abertzale, de movimiento ciudadano, de defensa del puesto de trabajo, de desahucio, de no a la mili… y no te hayan partido la cara estos señores, que son las más de las veces guardaespaldas de verdugos y saqueadores.


Erne y Josu Zubiaga me han recordado a Periko, claro, a Periko Solabarria en frente, al Periko de la pancarta reivindicativa de dignidad humana y su larga sombra de flor de humanidad. Periko olía a yerbabuena y era de trato fino; observándole se veía pronto en él aquella perla de la que nos habla John Steinbeck.


Periko era ejemplo de dignidad humana. Sentía y siento envidia de su humanidad, de su grandeza de hombre…, a mí hay muchas barreras y muchos olores que me impiden ser así de humano, por eso lloro su ausencia y maldigo mi miseria.


Hoy día en tiendas, en bares, en centros médicos, asistenciales y servicios, en aviones, despachos y oficinas… en muchos sitios hombres y mujeres lucen su nombre y apellido en el cuerpo, y con el saludo se ofrecen al cliente y visitante para su trato y ayuda.


Me presento diciendo soy Mikel Arizaleta. Los policías te paran, echan el alto si vas en coche o te arrestan y te espetan: “¡Enséñeme su carnet!”. Ellos nunca se presentan con: mi nombre es…, se parapetan en un número secreto, misterioso y pequeño.


 Cuando mediante el periódico Gara supimos el nombre del denominado número “Ugarteko”, aquel “entren con todo en la herriko” y con el resultado de Iñigo Cabacas asesinado de un tiro, este número, al enseñar Gara su carnet de Iñaki Larrea, se vio desnudo y denunció ante el juzgado por tamaña fechoría: ¡revelar su nombre, vaya delito!


 Porque de fabricar relatos a fabricar pruebas hay muy poco trecho, si es que hay alguno.


Al agente 10.514 le salió el tiro por la culata. Y su relato mendaz, apoyado por los demás compañeros y asesores se vio que era cuento fabricado, marca usual de la casa: coloreado, inventado, adobado a su gusto. Menos mal que la defensa de Edurne Martínez en este caso llegó con un vídeo bajo el brazo, que apoyaba la versión de la acusada y desnudaba la mentira del agente 10.540.


Él y no ella fue el agresor. Nada de patadas en la rótula como decía el gigantón, invento suyo y de sus compañeros. En el vídeo se observa cómo el agente 10.514 se acerca ya cojeando a Edurne Martínez, tumbada ya boca abajo y apartada del resto. El agente 10.514 pedía, no es broma, 15 meses de cárcel para Edurne. Año y tres meses.


Luis Beroiz cuando presentó en Iruñea su libro ``Entre ceja y ceja'' explicaba así el dilema en el que se vio envuelto tras la detención de su hijo Andoni: «Cuando llegas a la evidencia de la tortura, hay varias opciones: callarte como un muerto, rezar, rumiar tú solo lo que te sucede, pedir perdón... o también ahuyentar fantasmas y lanzarse a espolvorearlo y difundirlo». «La elección es fácil», concluía.


Y Gorka Lupiañez, amigo de su hijo Andoni, ha sido carne de represión de fuerzas policiales distintas. La primera vez fue cuando unos ertzainas le secuestraron y le llevaron al monte, usual con la guardia civil. Le amenazaron y le dijeron que no contara a nadie lo ocurrido.


 Ese mismo día nos lo dijo, contaba su familia, hablamos sobre el tema, y al final decidimos denunciarlo. Y cada vez hemos tenido más claro que no podíamos callarnos, que había que hacer público el testimonio para quien quisiera oírlo.


Como escribía días atrás Xabier Makazaga –quien de esto sabe un rato- en su artículo “Ertzaintza y tortura”: “Los informes del Ararteko no muestran en absoluto que «lo definitorio y estructural en la Ertzaintza ha sido la prevención de la tortura», como afirma Urkullu.


 Lo que muestran es lo reticentes que han sido las autoridades del PNV a adoptar medidas realmente eficaces para prevenir dicha lacra”.


Reticentes es una palabra suave, más justa y real es denominarles colaboradores, enniebladores, justificadores. Nunca los consejeros de Interior del Gobierno vasco ni sus jefes se han distinguido por su humanidad y defensa de la dignidad humana, más bien visten rictus siniestro y portan mentalidad de guardia civil. No huelen a yerbabuena ni a humanidad.


Los relatos emitidos ante hechos son más justificaciones de cloaca que escritos transparentes, reflejo de visiones y opiniones de ciudadanos que estuvieron presentes. Resulta difícil reconocerse en sus partes.


 Han crecido parapetados en números, anonimato, pasamontañas de camuflaje y pistolas, escondiendo su nombre, su brutalidad y responsabilidad, amparados en unos jefes de tal para cual, pero ni unos ni otros empapados de dignidad humana y defensa de derechos humanos.


¡Prohibido fotos faenando!, ¡nada de grabaciones que puedan resultar desmentidos de sus relatos mendaces! Resulta indigno colaborar con ellos viendo su comportamiento mendaz y vergonzoso ante hechos tan palpables y claros como el último relato de Amalur Mendizabal o el de Iñaki Larrea ante Gara y la abogada de Iñaki Cabacas, Jone Goirizelaia:


 Ni siguiera han sido capaces de disculparse, darles la mano y reconocer con el paso del tiempo su mal proceder de jefe, mando y ertzaina, sino más bien son manada defendiendo lo indefendible.


Y sí, me acordé de Periko y su nobleza, con él la ertzaintza sería otra cosa, tendría otro papel y los comunicados dejarían de ser patraña y cloaca.


 Escrito por Mikel Arizaleta



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